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31/10/21

Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad

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 Virgen de Torreciudad, en tus manos encomiendo mi vida.



27/9/21

Surge del mar una peña... blasón de San Miguel de La Palma

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Virgencita Sagrada, que en La Palma estás, protege a tu isla con tu abrazo puro, divino y de amor.

 




10/10/20

Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos

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 Sitio Real. Patrimonio Nacional. Valle de los Caídos, Abadía de la Santa Cruz.



24/2/18

Forges, donde quiera que estés, sigues aquí.

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Recuerdo con cariño tus viñetas de los náufragos y, sobre todo, los pilotos, aquellos comandante y copiloto que hacían volar nuestras sonrisas al compás de sus ingeniosas piruetas. Haces que vuelva a retomar rotulador y papel. Gracias, Forges.

29/3/17

Fred Astaire… Daddy Long Legs…

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Elegancia, belleza, originalidad, pasión, ritmo, cultura, educación, dulzura, gracilidad, suavidad, formas, entornos, sutilidad, emotividad, palabras, silencios, miradas, sonrisas, guiños, lágrimas, ternura… Armonía. Cómo describir tanto amor desde la ausencia de los tiempos en que vivimos. Difícil respuesta, pero fácil a su vez, si parte de los mismos son empleados en la contemplación delicada de movimientos fielmente acompasados por melodías encantadoras. Fred Astaire… Daddy Long Legs.

30/11/14

En defensa de Israel

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«En defensa de Israel», Libros Certeza, edición de 2004; magnífica publicación nacida de la unión de las palabras de distintos autores con un mismo fin: la defensa de Israel. Existen muchas maneras de apoyar y mostrar nuestro cariño y afecto por el Pueblo de Israel, por el Estado de Israel. Una de ellas es la lectura del libro citado, y en compañía de sus autores, Marcos Aguinis, Gabriel Albiac, Gustavo de Arístegui, Marcelo Birmajer, Roberto Blatt, Joan B. Culla, José Jiménez Lozano, Enrique Krauze, Daniel Laks Adler, Reyes Mate, Jaime Naifleisch, Marta Pessarrodona, Valentí Puig, Pilar Rahola, Lourdes Rensoli Laliga, Juana Salabert, Carlos Semprún Maura, Horacio Vázquez-Rial y Vicenç Villatoro. En sus voces, bien acompañados os dejo.

En Defensa de Israel_Autor_Álvaro Martínez Sánchez

5/8/14

I am United with Israel

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Israel Flag

17/10/13

Divina Proporción

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Disfruto de unos días de descanso. Días que tuvieron su comienzo, y que tendrán su final. En esta vida, en este plano, los eventos transcurren por ciclos, formando estos una espiral, ascendente o descendente, en principio, continua. Probablemente el paso de la misma esté dominado por un valor que suele identificarse con la letra griega φ (el enlace os mostrará detallada y exhaustiva información).

Es una noche tranquila, excelente temperatura, las estrellas tratando de abrirse paso entre la majestuosidad de una luna en creciente espectáculo.

Un restaurante encantador, encajado con acierto en un entorno casi perfecto. La Divina Proporción, ¿la explicación? Puede que con la luna, puede que con el entorno, puede que con el propio restaurante, incluso. Con el gigantesco plato (de un enorme blanco lunar) con contenido una gota de creatividad culinaria (exquisita, todo hay que decirlo), puede que no. Manías de la creativa estupidez minimalista.

En un universo dual, si existe una divina proporción, habrá de existir otra que sea su contraria. Podremos encontrar su presencia, de la Divina Proporción, en prácticamente cualquier manifestación de la naturaleza, y en un número incalculable de creaciones nacidas de la creatividad (sí, también la minimalista) humana.

Defino, por tanto, la Satánica Proporción, como aquella que atenta contra la armonía en sí misma. Ahora ya sabemos dónde encasillar la no tan creativa estupidez minimalista. Y ejemplos de la primera podremos encontrarlos en un número más incalculable (recordad a Georg Cantor y la hipótesis del continuo) de ingenios humanos no tan ingeniosos.

13/8/13

Perspectivas

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Quienes hemos tenido la fortuna de haber tenido contacto con la escuadra y el cartabón, hoy en día, programas de diseño industrial, de diseño asistido por ordenador, o como queráis denominarlos, sabemos, ¡vaya si sabemos!, lo que son las perspectivas; al menos, cómo proyectarlas.

Trabajar con perspectivas abre la mente a múltiples puntos focales, por no decir infinitos. En otras palabras, acostumbras a tus neuronas a procesar diferentes realidades. Sea una realidad R; si quisiéramos descomponerla en perspectivas, y por eso de estar acostumbrados a pensar en tres dimensiones espaciales, digamos que R = R1+R2+R3. Es decir, hemos expresado R como suma de tres realidades, afectadas por un subíndice que nos recuerda que son parte de un «todo mayor». Las matemáticas me permiten escribir la igualdad anterior, por ejemplo, de esta forma, R1=R-R2-R3. Identifiquemos R2 con la realidad que llamaremos -S, y R3 con la realidad designada como -T. Matemáticamente expresado, R2 ≡ -S y R3 ≡ -T; sustituyendo las equivalencias en la segunda igualdad obtendremos que R1=R+S+T. ¡Vaya, resulta que la realidad que pensábamos parte de una mayor está constituida por el todo más las partes! Es cierto que me he valido de artimañas que fácilmente pueden desmoronarse ante una buena demostración por reducción al absurdo, pero lo importante de este juego de letras y signos es el siguiente: supongamos un tercero que desconoce que R es el todo, y observa que R1=R+S+T. ¿Qué constituirá el todo para nuestro amigo, o cuál será su realidad, R o R1?

Entender y comprender que tanto las realidades como sus perspectivas son innumerables, y probablemente inefables, nos alerta y nos posiciona con ventaja como observadores y participantes, porque somos tanto público como actores. ¿Y a santo de qué viene todo este galimatías? Por el santo de que cada uno participa en R desde su Ri, siendo i cualquier número tomado del conjunto de números reales o complejos. Añadiendo que cada Ri es en verdad su propio R.

25/5/12

Crisis sistémica

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Echemos un vistazo a la historia; seamos más concretos: a la Historia; sí, a la Historia de la humanidad, ese conjunto de hechos que se suponen producidos por la mano de ese ser supuestamente inteligente denominado humano. Sí, es cierto, todos pertenecemos a esa taxonomía. Unos más inteligentes que otros, unos más habilidosos que otros, unos más simpáticos que otros, unos más… que otros, pero al fin y al cabo, humanos, seres humanos. Pues bien, si continuamos con el vistazo, sea mediante libros y más libros, o escuchando los relatos de nuestros abuelos, de nuestros padres, incluso viajando en el tiempo (yo estoy convencido de que se puede, incluso viajar al momento inmediatamente anterior al de la firma de tu hipoteca –eso sí que merece la pena, y no ir hacia atrás para liquidar a tu tatarabuelo y evitar haber nacido sólo por la satisfacción de fastidiar a la conocida paradoja; en todo caso, para que éste se hubiese casado con alguna de la familia Rockefeller; hay que ser prácticos, y honestos), continúo, incluso viajando en el tiempo, observaremos periodos de ídem en los que la sociedad convulsiona; el estremecimiento se reduce en unos casos a un declive de la economía, que dura un cierto tiempo, pero que, más tarde, vuelve la alegría, y el mundo de las monedas y finanzas vuelve a su trajín; en otros, éste alcanza a más sectores, creando las condiciones para una nueva sociedad, un nuevo modelo, otro paradigma: es lo que denominamos crisis sistémica.

Entrar en una definición y estudio exhaustivos de la misma no me corresponde; no porque no sea economista, sino porque ya existen magníficos ensayos sobre el asunto y desde mucho antes de la necesidad de la búsqueda de los “brotes verdes”; quizás la mejor fuente para documentarse sea la que representa D. Santiago Niño Becerra; en sus vídeos, que podréis encontrar en Internet, y en sus publicaciones hallaréis valiosa y jugosa información. Por tanto, no es el momento de tecnicismos, ni de explicar los porqués, o el porqué.

Tenía que pasar. Es simple. Tenía que llegar. El ciclo acaba, y con él, patrones y modelos. Para que nazca un nuevo paradigma tienen que cambiar muchas cosas, y eso supone el fin de muchas para el nacimiento de otras. Entonces, si tenía que pasar, ¿hay culpables? Pues los hay, y a su vez, no los hay. Seguimos un camino que así tenía que ser. Elegimos el sendero. Sí, lo elegimos (en pasado, en presente y en futuro).

Un crédito fácil que puso en bandeja de oropel lo efímero del éxito y de la abundancia mal concebida. Tener por tener, en poco tiempo y cuanto más mejor, dejando al margen la calidad. El Ego venció, y la Conciencia perdió. Un gran crecimiento abrumador, pero ficticio, y con sus días contados desde el principio.

A todos tenía que llegar, y donde aún no ha llegado, llegará. Es inevitable.

Ahora, particularicemos. España. Nuestro país. ¿Qué ha ocurrido en nuestro país? Lo inevitable, a todos tenía que llegar. ¿Qué margen nos quedaba, si era inevitable, si a todos nos tenía que llegar? Pues nuestra capacidad de elección, ese era nuestro margen.

La sabiduría popular lo conoce muy bien: tener la despensa llena en previsión de inviernos duros. Pero fueron ocho años en los que el invierno no existía, y todo era verano. Ocho años gobernados (¡ja, gobernados!) por cigarras; todo era jauja; regalaron la jauja; y no conformes con la jauja, añadieron confusión e ignorancia, como eso de “compañeros y compañeras, amigos y amigas”, cambiar género por sexo, o aquello del uso del símbolo “@” como sustitutivo de la unión de las vocales “a” y “o” que nunca existió en nuestra lengua (por cierto, tal signo es una desviación gráfica de la preposición inglesa “at”; tiene su origen en la creación de las direcciones electrónicas, y no significa más que fulanito tiene su cuenta en el servidor tal o cual). Y como todavía no bastó había que ir más lejos, y ya sólo quedó fulminar los valores, la misión, la visión, la cultura, la tradición y la Historia de un país con Historia. La defensa de los símbolos patrios pasó a ser marca de precisamente lo contrario. Dieron de sí, los ocho años.

Sí, la crisis era inevitable, porque es una crisis sistémica. Pero de haber sido gobernados con templanza, consciencia, Conciencia, inteligencia, previsión, control, cultura, Historia, y claro, con ahorro, lo presente habría sido bastante distinto del presente, el panorama hubiera sido diferente, y la crisis, no tan crisis.

Ahora toca discurrir por un laberinto. Más temporal que físico. Mi consejo: todos los laberintos tienen paredes, todos los laberintos ocultan sus calles, pero todos los laberintos tienen un cielo, y al menos, una salida. Nuestra capacidad de elección nos permite disociarnos de la ruta sin guía, elevarnos al cielo, y observar sus calles desde una perspectiva diferente. Es difícil, lo sé, pero ninguna crisis ha sido fácil, y ésta, menos aún, porque en ella interviene un factor que hasta no se ha manifestado en ninguna de ellas: globalización.

8/3/11

Los Indianos regresaron a Santa Cruz de La Palma

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Esta vez fue un 7 de marzo de 2011 quien tuvo el honor de recibir a los miles de Indianos que año tras año regresan y se van para conmemorar con alegría y mucho talco el reencuentro de aquellos isleños que volvían de tierras lejanas al otro lado del Atlántico.

Los Indianos, ellos con elegantes trajes de lino o guayaberas y pantalones de color blanco, cubiertos con sombreros panameños, ellas vestidas de época, ricamente enjoyadas, resguardadas del inclemente sol con sombrillas de encaje y pamelas, o de nubes de lluvia amenazantes, que viene siendo esto último lo habitual, engalanan la ciudad portuaria, tercera en importancia tiempos atrás, tras Sevilla y Amberes, con toneladas y toneladas de polvos de talco esparcidos todos ellos a Norte, Sur, Este y Oeste, bien con humildes botes de talco, bien con los más insospechados y creativos ingenios, maquinarias perversas capaces de dejar empolvado y bien blanco al mayor de los edificios.

Los Indianos, Santa Cruz de La Palma

Pero entre bocanada de talco que viene, bocanada de talco que va, empujón que viene, empujón que va, al son de la batucada, este año más breve que nunca, lástima, no pude por menos que reflexionar sobre dos pensamientos que asaltaron mi mente. El primero, cómo consigue el talco atravesar el gentío y conseguir descansar en los empedrados centenarios de Santa Cruz de La Palma; quizás el cómo, o incluso el porqué, tenga solución en el modo en el que los neutrinos viajan sin descanso a través de la materia. Y si no es el caso, es decir, que ni el cómo ni el porqué coincidan, al menos el símil es válido para una clase de Física Teórica. El segundo, y de más peso; la capacidad del hombre de olvidar por un tiempo dado todos los problemas que enturbian su vida, y dar rienda suelta a sus ganas de vivir, y de ser felices, aunque sea por un escaso y breve escenario temporal.

Es cierto, hay aditivos que ayudan a conseguirlo; el alcohol, sin ir más lejos o sin ser más prolijos. En cierto modo entristece que el ser humano acuda a resortes artificiales para desencadenar su afán de libertad, degenerando su noble deseo en libertinaje. Y al emborracharse de artificios ocurre que no sólo mantiene las cadenas de su día a día, sino que consigue fortalecerlas añadiendo eslabones cada vez más pesados y difíciles de soportar.

Divertirse y gozar, verbo muy utilizado en estas latitudes, sin perder la noción del presente, la presencia del pasado y la permanencia del futuro. De esta forma somos libres, porque mantenemos nuestra capacidad de decidir y actuar; de esta forma somos libres, porque permanecemos vivos y despiertos. Vivos y despiertos. Se puede estar vivo y dormido. ¿Notáis la diferencia?

Vuelvan de esta forma Los Indianos en 2012; llenos de alegría, buen humor, inteligencia y mucho talco. Bien acompañados por las cadencias sensuales y amables del son cubano y demás ritmos caribeños; dirigidos todos de principio a fin de la real calle por la fiel batucada. Lino y guayabera, encaje y pamela. Elegancia, clase, compostura, discreción y alboroto cortés. Vuelvan de esta forma Los Indianos en 2012.

9/1/11

Días de incertidumbre

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Creo estar en lo cierto al afirmar que en estos días que corren y los siguientes se percibe una sensación de angustia en el conjunto de la sociedad. Y no podría ser de otra manera, pues la actual situación atrae vibratoriamente la desazón y el desánimo. Situación que no es ya tal económica, sino financiera, pues el patrón de economía real dejó hace mucho tiempo su puesto al ficticio de las cifras y sus virtuales significados.

Desde hace años me di cuenta de que vivimos dentro de un auténtico engaño, en un sistema que se nutre de la abulia y la ignorancia de las personas, si es que aún lo son, pues dejan de ser de tal condición cuando se pasa a la esclavitud, a la servidumbre de un reducido, o quizás no tanto, grupo de poder, constituido por entes que ostentan, y en ocasiones detentan, este poder. Y el sometimiento es, además, perverso, diabólico, pues el servidor no sabe que sirve, desconoce que es esclavo, ignora que no vive en vida, y que su esencia como persona ya no es tal; no es ser, sino sombra.

Acabo de terminar “Los días de gloria”, de Mario Conde. Magnífica obra, que ya en su día Carlos Dávila, entrevistando al autor con motivo de su espléndida publicación, calificase de “bomba”. Y en verdad que lo es, quizás con un matiz añadido. Bomba de neutrones para todos aquellos que vivían dentro del sistema, para el sistema, y en la ignorancia del sistema. Bomba atómica para todos aquellos que descubrimos con anterioridad que existen nieblas en el sistema y que hay un sistema, pero que hasta la fecha no dimos con nadie que haya escrito tan alto, bien y claro.

La conclusión es inequívoca. Que vivimos en una sociedad que creemos se rige bajo los pilares de la democracia, pero que en verdad sólo (sí, con acento) sentimos  como tal cada cuatro años en las urnas, parafraseando a Don Mario Conde. Es una democracia puntual, de dimensión nula, en el que sólo existe en los puntos coincidentes con elecciones a tal o cual cámara representativa. El resto es un entramado que ni la más complicada fractal llegaría a reproducir.

El siguiente en mi lista, “El Sistema”, del mismo autor, y aunque éste (sí, con acento) es previo al anterior, recomiendo que el orden en la lectura de ambas obras sea el inferido, y que, por tanto, propongo; hay ciertas palabras esclarecedoras en el epílogo de la última que encaminan a tal organización en la lectura.

Desde mi modesta posición entiendo con claridad las palabras del autor cuando agradece al sufrimiento su papel de guía en el camino a la verdad dura y cruda, pero verdad. Y también desde ese mismo altozano agradezco al señor Conde el que haya compartido con todos nosotros parte de su vida, que es parte y muy significativa parte de nuestra historia.

29/12/10

CNN+ ¡Hasta siempre!

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CNN+ dejó de emitir. 24 horas diarias de información actual, dinámica, fresca, audaz, moderna, culta, transmitida por el buen hacer de todas las personas que para la cadena dedicaron su trabajo, su profesionalidad, su desempeño, su empeño, sus ilusiones, sus esperanzas. Su espacio legítimo es ahora ocupado por una emisión sin fin anunciando uno de los muchos esperpentos atonta masas que intentan invadir nuestros hogares día tras día.

No comulgaba precisamente con el ideario general de su equipo. Pero sí con su forma de tratar la información, de acercarla, y de responder a una necesidad inteligente y sensata del uso de la televisión. ¿Cómo es posible que sigan otras cadenas televisivas, verdaderas servidoras del disparate y del desatino, y que sea precisamente CNN+ a la que le toque el apagón? Nos queda, afortunadamente, Intereconomía, La Dos, y vaya, Clan, que uno es muy aficionado a los dibujos animados; por exclusión podemos adivinar aquellas (nota; “aquellas”, en este caso, no va acentuada, no por seguir las nuevas normas ortográficas, sino porque puede ser substituida por el artículo, por preceder a una oración de relativo que es el referido) que entran en la categoría desatinada del disparate. Y tampoco son todas las demás las que incluyo en la misma. Pienso en una en concreto; quizás, en dos.

Me preocupa que algo así haya sucedido. Es muy grave el que una corporación de la magnitud de CNN+ cierre sus puertas; parte del gran poder constituido por los entes de la información se desmorona. Motivo: las pérdidas. Ahora bien, ¿es que todas las demás cadenas tienen beneficios? ¿O habrá otras poderosas razones que transciendan las económicas? O tempora, o mores!

24/12/10

La ortografía de la crisis

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En estos tiempos de crisis, antes desaceleración de procesos, parece que el reduccionismo vuelve a ser el gran protagonista. Y éste ha llegado también a nuestro querido, divulgado y extendido idioma español. La nueva ortografía ha sido afectada de esta corriente filosófica, aún frecuente en ciertos campos del conocimiento y más en los de la ignorancia. Acomodar el lenguaje a las hablas actuales y a los nuevos tiempos; es cierto que el sistema lingüístico de toda comunidad lingüística es un complejo sistema vivo, afectado por los cambios de todos los parámetros que componen una sociedad, y, por tanto, sensible a los cambios. Mas lo recientemente acontecido es fruto de la deliberación intencionada de un grupo de élite que dice haber investigado y estudiado diacrónica y sincrónicamente el idioma español.

Preocupante es, además, que este reduccionismo se nos presente como una novedad. Por ejemplo, la “y”, comúnmente conocida por todos como i griega (por tener su origen gráfico en la letra griega ípsilon), ya era denominada “ye”, como se puede comprobar en la 41ª edición (de la que guardo como un tesoro un ejemplar) de la “Ortografía práctica de la lengua española” de D. Luis Miranda Podadera. Pero perder definitivamente su origen griego por ser su uso más consonántico que vocálico es perder, si no renunciar, parte de su identidad. Otro ejemplo; el que la grafía de la vocal media posterior ya no se acentúe entre cifras. En realidad ésta era una licencia, permitida para evitar confusiones. Explica su actual soledad acentual el que los equipos ofimáticos diferencian con claridad la “o” del “0”. Está clarísimo, “o” y “0”; muy claro, “o” y “0”; y no digamos “O” y “0”. Sigamos.

Hay más cambios; “solo” se queda como está, “solo”. Y los demostrativos, ¡ay!, “pobrecicos” míos, qué solos se quedan, también, ellos. Yo solo digo que qué triste es todo esto. Claro, no va a ser triste, si lo digo solo; o, ¿solo digo nada más que eso, y nada más, se admita la redundancia? Y entonces, vaya, sí que es desconsolador, puesto que vuelvo a decirlo solo. Tanta soledad no tiene que ser saludable.

Es una pérdida de la referencia, del origen. No se trata de la búsqueda de la practicidad, sino de la simplicidad. Y ser simples conduce a ser ignorantes, manejables, útiles para ciertos propósitos. Alimento para el caos. Sería interesante aplicar el mapa logístico y = a x(1-x), donde “x” va tomando los valores de “y” (no “ye”) en un continuo sin fin. Apostaría a una solución propia de un estado caótico. Pérdida de la diferenciación, de la variedad, de la diversidad. Es una concreción al absurdo. Adverbio y adjetivo reducidos a la unidad. Pronombre, adjetivo y nombre reducidos a la soledad de la unidad. Dé gracias a que a partir de ahora no tendrá que pensar en si es “sólo” o “solo”, o si “este” es “éste” o “aquél”, o que si este último deja o no de llevar acento ortográfico o diacrítico (¡oh, Dios mío, qué palabrotas!) cuando éste, perdón, este, pueda o no ser substituido por el artículo.

Ya no habrá que pensar más en estas cuestiones. Nos acaban de simplificar la vida. Seguimos en el empeño por la simplificación. No piense y sea simple. Veo un oscuro y bien diseñado propósito en todo esto. Mas sea como fuere, ¡feliz Navidad a todos vosotros!

7/7/10

La insoportable levedad de la libertad

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Comienza el autor de la maravillosa novela La insoportable levedad del ser con Nietzsche y su teoría del eterno retorno. Pasamos página, y continua Kundera con una certera, afilada y breve tesis sobre la carga y la levedad. Utiliza a Parménides y su visión dual del cosmos como pilar de apoyo: la carga es negativa y la levedad positiva. Tan seguro está Parménides como inseguro Kundera. Quizás sea éste un dilema a ser estudiado bajo los pares de contrarios del semiólogo Roland Barthes, a saber, el par carga/levedad contra el par positivo/negativo. Tampoco es que obtengamos una solución clara, pero sí que lo afrontamos desde una perspectiva diferente.

Perspectiva que me conduce a pensar, o sentir, que vivimos en la levedad de la libertad; el pensamiento o el sentimiento de un poder con raíces en las tinieblas y vivo en la sombra que nos ha liberado de nuestras cargas y nos ha entregado un mundo feliz de libertad ligera y sinuosa. Mis cargas, nuestras cargas, aquéllas que sí nos ayudan a crecer, ¿dónde están? Y en su lugar, otras, creadoras de confusión, esclavizadoras. ¿Quién, o quienes las puso? -¡Ah, pero mi mundo es un mundo de libertad!- No, tu mundo es un mundo en la levedad de la libertad.

Y el ciclo continúa, camino de su fin. Los vivos crecerán, y los muertos seguirán en sus tumbas. Espero que Nietzsche esté equivocado, ya que de no estarlo, volveremos a sufrir la insoportable levedad de la libertad.

El título de esta entrada es un claro juego de palabras cuyas reglas son las del título de la maravillosa novela de Kundera; gracias, Milan Kundera, por tu obra, y espero que, al menos, si no he conseguido mi propósito, que es el de despertar, sí que haya logrado que muchos de vosotros se interesen por la obra del magnífico autor, y en concreto, por aquélla objeto de mi juego, La insoportable levedad del ser.

3/4/10

Proyecciones y apariencias

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Aparentamos ser; renunciamos a ser; renegamos de nuestro ser; aparentamos ser, y el ciclo continúa. En vez de ser, y descubrir nuestro ser, impositivamente elegimos (lo que bien podría calificarse de oxímoron) no ser, y aparentar ser. En lugar de la unicidad, la multiplicidad. En lugar de la diferencia, la igualdad. Somos únicos, pero escogemos ser esclavos del discurso, siervos de la colectividad, obreros de la semejanza.

Encadenados en la cueva, destinados a remar hasta la extenuación, numerados y no nombrados, perdidos en la identidad y reconfortados en el colectivo. Muertos vivientes, condenados a ser no ser.

Y ante la impotencia de ser incapaces de ser, la rabia, como reacción. El odio y la agresividad se erigen así en las únicas fuerzas que consiguen despertar a los No Ser del letargo que es la inercia. Mas toda fuerza necesita un medio; uno de ellos, el vehículo, el utilitario, el coche. Una armadura que es espejo, proyección de nosotros mismos. Abanderada de nuestros deseos, intenciones e instintos. Adalid de nuestro ser, y de no ser.

Caballos que nos permiten ser caballeros o infames; soldados de la noble causa o mercenarios de la imbecilidad. El No Ser puede de esta forma quebrantar las normas y leyes enmascarado en su escudo motorizado, atacando a la convivencia, al respeto, a la vida, y a su vida misma, aunque no sea tal sino muerte en vida o vida aparente. El No Ser se crece detrás de un volante; el amo de la carretera. No existen señales, ni líneas; sólo caminos asfaltados en los que circulan otras armaduras a las que abatir, como si de una justa se tratase.

El tiempo. Al pedal, ni agua ni tregua; no hay tiempo. El tiempo es oro. Llegar el primero. No hay normas. No hay leyes. Hay que ser el primero. ¿El primero en qué, pregunto yo? No pasa nada, nunca pasa nada, hasta que sí pasa. Pero claro, mientras tanto, hay que llegar el primero. Y hacerse notar el primero. Y ser el primero en producir ruido. Y ser el primero… en no ser. Ese es su destino. Ser No Ser.

¿Cuál es tu elección, Ser, o eliges la imposición, el oxímoron, de ser No Ser?

14/6/09

Liberté, égalité, fraternité

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Libertad, igualdad y fraternidad. Tres palabras que conmovieron a un país y al resto del universo, mundo o planeta –como prefiráis— occidental. Tres palabras que llevarían a la población francesa y al resto de sus vecinos a una convivencia en armonía, en paz y en tranquilidad. Tres palabras que proclamarían el respeto como el líder de un pueblo. Tres palabras que cambiaron la forma de gobierno de un estado. Claro que, si recordamos con exactitud lo que en verdad trajeron consigo esas tres palabras, de lo escrito en las líneas anteriores podríamos quedarnos con “conmovieron” y “cambiaron”, pues estaréis de acuerdo conmigo en que el indiscriminado uso que se dio a la guillotina para promover el cambio de régimen, y para que la libertad, la igualdad y la fraternidad “republicanasen” (ya que si dijera “reinasen” podría ser interpretado como un chiste de humor negro) el país que descansa en la cordillera pirenaica, no pertenece (tal uso) ni por asomo a un modelo de convivencia, mucho menos de armonía, muchísimo menos de paz e infinitamente menos de tranquilidad; que en aquel entonces recibió un corte de pelo a cargo del erario público hasta el apuntador. ¡Ay, cuando escuchamos aquello de “por la libertad, por la igualdad, por la fraternidad”!

Ha pasado mucho tiempo desde aquellos días, y múltiples han sido los avances tecnológicos desde aquel invento de filo implacable que hasta su propio creador tuvo la desgracia de experimentar en su propia nuca; mas tengo la sensación de que pocos fueron aquellos (los avances) que hemos tenido ocasión de ver en lo que a las humanidades se refiere. Y si los hubo, manos negras se han encargado de anularlos y, si no, silenciarlos. El equilibrio necesita de una pareja evolución de la tecnología y el humanismo.

Una nueva propuesta académica entra en el círculo académico (valga la redundancia)  en forma de solución: la Licenciatura en Igualdad. ¡Oh, disculpad! Grado en Igualdad, para no cambiar la receta de la salsa (y no precisamente boloñesa) que se está cociendo (pues más que cocinar, cuecen) en Bolonia.

¡Ya estoy tranquilo! Dentro de cuatro años tendremos revoloteando por nuestros pueblos y ciudades millares de grados y de “gradas” –el Diccionario de la Lengua no tendrá más remedio que añadir una nueva acepción a la palabra grada— (porque ya no se podrá decir licenciados) en igualdad, velando porque ésta se cumpla. Y digo yo, ¿bajo qué criterios?

Desde niño siempre me ha fascinado la naturaleza; de hecho pensé en convertirme en uno de los primeros biólogos marinos de este bendito país. El destino escogió otros estudios para mí, pero no me quitó el interés por los ensayos y publicaciones de divulgación científica. Menos aún por la observación. Y si somos conscientes de lo que nos rodea, y del universo en el que vivimos durante una corta estancia (en estas tres más una dimensiones) comprenderemos que la naturaleza no basa su existencia en la igualdad; sí en la simetría, pero cuidado, no una simetría especular (que también, pero extendernos en ello sería ir más allá de las pretensiones de estas palabras), sino, por ejemplo, una simetría fractal; sea como fuere, el hecho es que la naturaleza necesita de la diversidad para su existencia. Y en la diversidad, el orden, sí, el orden. Pero no, para una clase dominante en concreto este principio descuadra sus objetivos. Y persigue así la demagogia en la tergiversación de la igualdad, con el único fin de crear una masa de seres vivos, manipulables a su antojo, que al principio fueron humanos, pero que con el paso de los años perdieron su condición como tales para involucionar en autómatas con base de carbono. Estas últimas palabras que más bien pertenecerían a una novela de ciencia ficción pueden ser un posible destino de nuestra raza si los que estamos despiertos no conseguimos despertar a los durmientes.

Algunos diréis: “¡Vaya, pues sí que estás pesimista hoy domingo!”; otros diréis: “¡Desde luego, tienen razón esos que dicen que los domingos son muy tontos!”. Algunos dirán: “¡Pero hay tan pocos que se dan cuenta…!” Entre los que sí están despiertos, aparte del que subscribe estas palabras, es Arturo Pérez-Reverte, y son sus líneas publicadas en el “XL Semanal” quienes me han servido como espoleta para encender el ordenador y escribir las mías, que espero se añadan, no sin demostrar su humildad frente a las del genial escritor, a la contracorriente del despertar. ¡Ay, “si no fuera tan triste. Y tan grave”! (parte entrecomillada de Arturo Pérez-Reverte, XL Semanal, nº 1.129).

9/5/09

Conducción responsable

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Un sábado por la tarde como todos los sábados por la tarde. Después de comer, unos minutos de descanso, quizás en duermevela, dirigidos por los efectos de una menta poleo caliente que sorbo a sorbo pasó de la taza al cuerpo. Después, un pequeño paseo, en coche, hasta llegar a la cafetería de costumbre, donde, acompañado de un buen libro, despejo las ensoñaciones de la tarde con un café caliente.

Las palabras reflejan paz y sosiego. Demasiado bucólico. Falta algún adjetivo que modifique la paz y el sosiego para dejar un sabor de boca con regusto ácido. El adjetivo, es un hecho. Cojo el coche, esta vez, de regreso a casa. Todo parece ir bien. Poco tráfico, que donde vivo, una pequeña y hermosa isla, es costumbre a estas horas y en un día como el de hoy. Comienza la acidez: se acerca una placa que dice, “STOP”. Una señal clara donde las haya, octogonal, ni triangular ni circular. La única en su forma. Fijaos en que existen muchas circulares y varias triangulares, incluso rectangulares, pero sólo una es octogonal. ¿Un capricho de la norma? No. Tiene su explicación. Es una señal tan importante, que se diseñó así para que en caso de que algo la cubriese, como una nevada, por ejemplo, se pudiera atisbar que ante lo que estamos es un “STOP”. Recuerdo que mi profesor de teoría en la autoescuela nos decía que saltarse esta señal  era motivo para quitar de por vida la licencia de conducir. Y no le faltaba razón. Un “STOP” hay que hacerlo SIEMPRE. “Pero si es que no venía nadie…”. No, señor mío, no. Si hay un “STOP”, usted tiene que detener su vehículo, y una vez se ha asegurado de que no viene ningún automóvil tanto por su derecha como por su izquierda, entonces, sólo entonces vuelva usted a reiniciar su marcha. En el caso en que tengamos delante a otros vehículos, y cuando estos hayan abandonado el “STOP”, al llegar a la señal o donde se tenga que parar para asegurar una buena visibilidad, pararemos, detendremos nuestro vehículo, y retomaremos nuestra marcha cuando nos lo permita la circulación. Lamentablemente, “STOP” no significa lo mismo para todos.

El sabor acre me lo ha proporcionado un analfabeto de la conducción (quizás, y con toda seguridad por su posterior comportamiento, analfabeto funcional). Un “STOP”. Detengo mi vehículo. Me aseguro que puedo continuar mi marcha. Continuo. Quien me seguía –el analfabeto de la conducción—, no se detiene, no hace el “STOP”, y además, acelera, con lo que casi consigue colisionar por alcance. Llega una segunda oportunidad. Un nuevo “STOP”. Mismo comportamiento por mi parte, mismos rebuznos y aceleraciones por la suya, con el consiguiente riesgo de colisión. Para demostrar lo “macho”que es el “hombre”, me adelanta, y claro, frena bruscamente para que me percate de lo burro que es –cosa que no hacía falta, saltarse un “STOP” ya es buen indicador de tal esencia o estado, y con perdón del équido. Aún así, no tuvo bastante nuestro eslabón perdido—con perdón de nuestros antepasados—, y tenía tanta prisa nuestro “experto” conductor que condujo lentamente, frenando esta vez sí y la otra también –las prisas, mire usted por dónde, se habían esfumado—,  en una carretera en la que, además, es peligrosa la práctica del adelantamiento. Lástima que en ese preciso instante no estuviera la Guardia Civil en uno de sus controles rutinarios. Como este personaje puedo contar cientos, si no miles.

Vivimos tiempos difíciles, de crisis, como decimos todos ahora y antes algunos la negaban. La conducción es un reflejo de nuestra forma de ser. Y estos comportamientos no hacen más que proyectar la decadencia en la que ha entrado nuestra sociedad. No tengo un sabor ácido en la boca por este “ser”, suma de carne, huesos, vísceras, líquidos y dos ojos. Me queda un mal sabor de boca por experimentar día a día el declive de nuestra civilización a través de escenas como ésta, comportamientos como esos. Gracias a Dios todavía quedan personas que pueden ser llamadas como tales, y que son las que te animan a seguir trabajando por esta sociedad simplemente correspondiendo a la misma con respeto y trabajo. Es una lástima que algunos, o muchos, más bien creo que muchos, piensen que “como Dios probablemente no exista” pues… ¡Qué Diablos (nunca mejor utilizada esta expresión)!, a hacer lo que nos plazca. Ignorantes que sin saberlo son esbirros del Caos. Pues, mis queridos amigos, sabed que aquel que vaya en contra del Orden Divino –expresión que no tiene nada que ver con ninguna religión—va en su propia contra; y si no tiene capacidad para corregir su rumbo llegará un momento, desde luego inesperado, en que la vida le mostrará el rumbo a seguir con el mismo sabor acre que dejó en todos aquellos que sí respetamos un “STOP”.

P.D.

Olvidé mencionar a todos aquellos amantes de inundar nuestros pabellones auditivos con sus mira-qué-equipo-de-música-más-hortera-imposible-y-ruidoso-no-faltaría-más he instalado en mi vehículo. Y por si aún no fuera bastante, y en su afán por fastidiar, incordiar, molestar y proclamar a los cuatro vientos lo palurdo que se puede llegar a ser, dejan los motores de sus vehículos encendidos cuando aparcan, aumentando así su contribución a la contaminación acústica y consiguiendo ser partícipes en cualquier clase de contaminación medioambiental en la que podamos pensar.

Estamos en crisis porque la sociedad está en crisis. La pena es que la humanidad está tan ciega que sólo una gran catástrofe podrá ser la puerta hacia un nuevo paradigma. Aún estamos a tiempo para conseguir un cambio amable si seguimos un comportamiento cívico. Y una excelente manera de lograrlo es aplicarlo cada vez que entremos en nuestros vehículos y los pongamos en marcha.

9/4/09

La “Nada”, el “Todo” y algo de respeto

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La primera, femenina; el segundo, masculino –al menos dentro de nuestro sistema lingüístico—. Aun prescindiendo del género, Nada y Todo, Todo y Nada son antónimos con base en un universo dual, el nuestro. La dualidad es cárcel y libertad; dependerá de nuestro enfoque, de nuestras creencias, del entorno en que nos desarrollamos y del cual en el que vivimos, el que seamos mandatarios o esclavos en un sistema de contrarios.

El arquetipo numeral en occidente tiene base diez. Diez son los elementos con los que calculamos y predecimos. Y al combinarlos, el lugar ocupado por cada uno de los formantes de la expresión final es significativo. Porque es así podemos reducir nuestros diez protagonistas a únicamente dos, el 0 y el 1. Consciencia en base diez, inconsciencia en base dos. Somos duales.

Un universo dual. Si esta es nuestra realidad, la diversidad se resume en la suma de elementos opuestos. La contradicción, el antagonismo, he aquí el germen de nuestra existencia.

Uno más uno son dos. Uno más cero es uno. Cero más uno es uno. Si a “uno” le agrego “algo” que hace que sea el mismo “uno” el resultado, entonces, ¿qué es el “cero”, sino “nada”? Demos la vuelta a las sentencias anteriores, y tendremos que: Dos es uno más uno; uno es uno más cero; uno es cero más uno. ¿Es realmente igual decir lo primero que lo segundo? ¿No tiene acaso, el “cero”, un valor añadido en las expresiones reformuladas? “Cero más uno es uno”, el “cero” se diluye, deja de existir; sin embargo, en “uno es uno más cero”, el “cero” es parte constitutiva de la unidad. ¿Es esto un juego lingüístico o la demostración palpable de que la “Nada” forma parte del “Todo”, y de que el “Todo” necesita de la “Nada” para su propia existencia?

A lo largo de las culturas y formas de pensamiento, la determinación del “Ser” y del “No-Ser” ha sido piedra angular en la creación filosófica. Clave de la filosofía que ha pasado a la física teórica y cuántica, pues, y en tosco resumen, los experimentos llevados a cabo en ciclotrones no persiguen más que alcanzar el conocimiento que nos ilumine sobre la existencia de la “Nada”, el origen, y quizás, el final. Hablamos de “Ser” y de “No-Ser”. Si existe una línea –que no tiene por qué ser bidimensional, digamos mejor, n-dimensional— que divida el “Ser” del “No-Ser” entonces el “No-Ser” es otra forma de “Ser”, aunque lo citado pueda parecer un oxímoron. Llegaremos a un equilibrio de la conciencia cuando atisbemos que el “Ser” y el “No-Ser” no son dos caras de la misma moneda, sino la moneda en sí, es la “Moneda” y la “No-moneda” los que hacen que exista en nosotros la percepción del objeto en sí.

La Semana Santa es el final de un ciclo que se repite año tras año. El Maestro Jesús sacrifica su vida encarnada para sacar de la ilusión a los “hombres de buena voluntad”, los de “querer conocer y saber”, y mostrarles la realidad de la existencia mediante la resurrección. Del “Todo” a la “Nada”, y de la “Nada” al “Todo”. El sacrificio no es más que un símbolo de la transformación del “Ser” en el “No-Ser”. Un arquetipo, un paradigma, un modelo, a través del cual enseñarnos, y reconfortarnos por las pesadas cargas que hemos de superar en esta ilusión que denominamos vida.

Días llenos de significado y simbolismo; religioso para unos, metafísico para otros. De disfrute y sosiego para una gran mayoría. Pero días de respeto, y reflexión, sin duda. Son palabras estas, las mías, sin contenido religioso alguno; sí llenas de reflexión, y de respeto. Y este último, que tendría que ser el primero, hace nula presencia en contados –muy contados, afortunadamente— medios de comunicación, que utilizan el fervor, las creencias y la pasión transcendentes de muchos en dianas de sus mofas y befas de mal gusto. La ausencia de respeto es el vehículo de sus críticas. Periodistas –en el que caso en que lo sean—de la palabra fácil y del burladero. Periodistas de la cobardía, que apuntan sus cizañas contra aquellos que no devolverán el ataque en forma de modelo vestido de TNT.

Regresemos al principio. Entonces, hemos vuelto al “Todo”. Quizás, a la “Nada”. “Todo” y “Nada” serán interpretados de diferentes formas según el origen y la cultura. Pero el “Todo” de allí o de aquí, y la “Nada” de aquí o de allí, podrán de nuevo ser dos y uno siempre y cuando el respeto sea el tercer eslabón de la trinidad.

1/2/09

“Something is rotten in the state of…”

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Me pregunto si Marcelo, en su parlamento con Horacio, hubiese continuado y terminado su ya célebre frase con el término “Denmark”, de ser los tiempos en los que se desarrolla la vida del atormentado Hamlet no esos en los que Shakespeare situó su magistral obra de teatro, sino éstos de hoy en día, en los que la podredumbre es protagonista, y en casos concretos, directora de escena. Continuaría preguntándome, además, si Marcelo cambiaría el adverbio de cantidad “something” por otro de la misma familia, como “all” o “almost all”, para así ajustarse mejor a la realidad de un mundo, a la realidad de un país. Veamos el porqué de las preguntas suscitadas.

Es recomendado por un “Comité de Expertos” que el aborto sea libre y gratuito hasta la decimocuarta semana de embarazo, aunque algunos, por considerarlo un plazo corto, abogan por ampliar el mismo hasta la vigésima semana de embarazo. ¿Quién da más?

Al menos dos candidatos a las elecciones de cierta comunidad autónoma, ambos pertenecientes a respectivos partidos políticos y siendo ambos cabezas de lista de sus respectivas agrupaciones, utilizan como fondo subliminal en sus respectivas campañas electorales la sombra de aquel que acaba de ser elegido como máximo dirigente de uno de los países más influyentes del planeta. ¿Quién se apunta?

Cierta dama va a ser sometida a un lavado de cara en el que cada arruga disimulada llevará la firma bien visible del cirujano jefe, aunque ésta abulte más que la propia estría. ¿Remedio o enfermedad?

Esos que enarbolan la bandera de la democracia como si fueran los únicos que darían la vida por ella apoyan la dictadura que detenta el poder en un país hermano. ¿Quién lo entiende?

Los de antes más otros optan por la barbarie, y se separan de un estado legítimo y de derecho como es el Estado de Israel. ¿Alguna pregunta?

Más de seis años en cautiverio, después heroína internacional, y más tarde… ¿Un baño terapéutico?

Ante tanta podredumbre a Shakespeare no le habría quedado más remedio que cambiar algún que otro diálogo en su maravillosa obra de teatro. “All the world’s a stage.”